Por qué nunca es "demasiado tarde" para empezar a protegerse del sol

Flacone di protezione solare

La piel puede regenerarse: por qué el SPF es el mejor tratamiento antiedad que existe

Cuando se habla de protección solar, la mayoría de las personas piensan exclusivamente en la prevención: evitar las quemaduras solares, reducir el riesgo de cáncer de piel o ralentizar la aparición de arrugas y manchas. Es una idea correcta, pero incompleta.

En los últimos años, la investigación científica ha demostrado un aspecto mucho más interesante: utilizar diariamente una protección solar de amplio espectro no solo significa evitar que el daño empeore. También significa crear las condiciones para que la piel pueda activar sus propios mecanismos naturales de reparación.

En otras palabras, nunca es demasiado tarde para empezar. Incluso una piel ya marcada por años de exposición a los rayos UV puede obtener beneficios visibles cuando finalmente se protege de forma constante.

El fotoenvejecimiento: el envejecimiento que podemos evitar

El envejecimiento de la piel está determinado por dos procesos distintos.

Por un lado, existe el envejecimiento cronológico, es decir, el que está relacionado simplemente con el paso de los años y nuestra genética. Por otro lado, encontramos el fotoenvejecimiento, provocado por la exposición repetida a los rayos ultravioleta.

Es precisamente este último el responsable de la mayoría de los signos visibles de la edad. Según numerosas evidencias científicas, hasta el 80-90% del envejecimiento cutáneo del rostro es atribuible a los rayos UV y no al transcurso natural del tiempo.

Las consecuencias son bien conocidas:

  • arrugas más profundas;
  • pérdida de elasticidad;
  • degradación del colágeno y de las fibras elásticas;
  • tono apagado y deshomogéneo;
  • manchas pigmentarias;
  • piel más fina y frágil.

La buena noticia es que, al ser un daño causado por un factor externo, puede prevenirse en gran medida y, en algunos aspectos, incluso mejorarse.

El estudio que cambió la forma de ver la protección solar

Una de las investigaciones más interesantes sobre el tema fue publicada en 2016 en la revista Dermatologic Surgery.

Los investigadores evaluaron a personas con signos evidentes de fotoenvejecimiento pidiéndoles que aplicaran diariamente un protector solar facial de amplio espectro SPF 30.

Después de poco más de un año, la evaluación clínica mostraba una mejora significativa de los principales signos del fotoenvejecimiento.

El dato más sorprendente es que la piel no solo había dejado de empeorar: aparecía visiblemente más sana que al inicio del estudio.

Este resultado ha modificado la forma en que hoy interpretamos la fotoprotección: no solo un escudo contra nuevos daños, sino una herramienta capaz de favorecer la recuperación de la calidad cutánea.

¿Por qué ocurre? La biología de la reparación

Para comprender este fenómeno, hay que observar lo que ocurre cada día en nuestra piel.

Cada exposición a los rayos UV genera radicales libres, moléculas altamente reactivas que dañan lípidos, proteínas, membranas celulares y ADN.

Este daño mantiene constantemente activos pequeños procesos inflamatorios crónicos, a menudo invisibles, que hoy se describen con el término inflammaging.

La inflamación crónica acelera:

  • la degradación del colágeno;
  • la destrucción de la elastina;
  • la aparición de manchas;
  • la alteración de la función barrera;
  • la ralentización de los procesos normales de reparación.

Cuando empezamos a proteger la piel diariamente, interrumpimos este bombardeo biológico continuo.

La producción de radicales libres disminuye, el estrés oxidativo se reduce y los mecanismos de reparación endógenos pueden finalmente trabajar en condiciones más favorables.

No significa borrar por completo décadas de exposición al sol, sino permitir que la piel recupere parte de la funcionalidad que había perdido.

El SPF no es una crema de playa

Uno de los errores más comunes consiste en asociar la protección solar exclusivamente a las vacaciones de verano.

En realidad, los rayos UVA, principales responsables del fotoenvejecimiento, están presentes durante todo el año.

Atraviesan fácilmente las nubes y el cristal de las ventanas, llegando a las capas más profundas de la piel donde estimulan la degradación del colágeno y la elastina.

Por este motivo, dermatólogos y sociedades científicas recomiendan aplicar cada mañana una protección solar de amplio espectro como último paso del cuidado de la piel, independientemente de la estación.

También en la ciudad, incluso cuando el cielo está nublado e incluso si se pasa mucho tiempo cerca de ventanas luminosas.

La constancia vale más que el factor SPF

Muchas personas se centran exclusivamente en el número escrito en el envase.

En realidad, el mejor SPF es el que se utiliza cada día en la cantidad correcta.

Una protección SPF 30 aplicada diariamente ofrece beneficios enormemente superiores a una SPF 50 utilizada solo durante el verano.

La constancia representa la variable más importante.

El efecto sinérgico con los antioxidantes

La protección solar no bloquea el 100% de la radiación ultravioleta.

Una pequeña parte de radicales libres sigue formándose de todos modos.

Por este motivo, muchos protocolos dermatológicos asocian al SPF un suero antioxidante aplicado por la mañana.

Ingredientes como la vitamina C, la vitamina E, el ácido ferúlico, el resveratrol, los polifenoles del té verde o los extractos ricos en carotenoides contribuyen a neutralizar los radicales libres residuales, reduciendo aún más el estrés oxidativo y apoyando los mecanismos fisiológicos de reparación.

El SPF protege del origen del daño, mientras que los antioxidantes ayudan a gestionar lo que inevitablemente sigue produciéndose.

También el microbioma tiene un papel

En los últimos años ha surgido otro protagonista del envejecimiento cutáneo: el microbioma.

El conjunto de microorganismos que viven en la superficie de la piel contribuye a mantener intacta la barrera cutánea, modular la respuesta inmunitaria y limitar la inflamación.

Una piel con un microbioma equilibrado responde mejor a los estreses ambientales y tiende a recuperarse más fácilmente después de las agresiones diarias.

Elegir formulaciones fotoprotectoras bien toleradas y adecuadas para el uso diario ayuda no solo a prevenir el daño UV, sino también a preservar este delicado ecosistema.

¿Y la vitamina D?

Una de las objeciones más frecuentes se refiere a la vitamina D.

Muchas personas temen que usar protección solar pueda impedir por completo su síntesis.

La evidencia científica cuenta una realidad diferente.

Para la mayoría de las personas son suficientes exposiciones breves de la piel a la luz solar para contribuir a la producción de vitamina D, incluso solo 10 minutos y no todos los días. En la vida real, la protección solar casi nunca se aplica en la cantidad ideal ni se reaplica con la frecuencia necesaria para bloquear completamente la radiación UVB.

Además, ningún filtro solar ofrece una protección del 100%.

A esto se añade el hecho de que el sol llega a la piel también de forma indirecta, a través de la luz reflejada por superficies como agua, arena, cemento o nieve, mientras que la ropa, salvo la que tiene certificación UPF específica, no constituye una barrera absoluta porque su trama deja pasar una parte de la radiación ultravioleta.

Los expertos concuerdan, por lo tanto, en que la prevención del daño cutáneo debe seguir siendo una prioridad.

En caso de que exista una deficiencia real de vitamina D, esta puede evaluarse con un simple análisis de sangre y corregirse, si es necesario, a través de la alimentación o un suplemento prescrito por el médico.

Los daños provocados por años de exposición solar, en cambio, no pueden borrarse por completo.

Nunca es demasiado tarde

Todavía existe la creencia de que, después de años sin protección solar, ya no vale la pena empezar.

La investigación demuestra exactamente lo contrario.

Cada día en que la piel está protegida representa un día menos de estrés oxidativo, inflamación crónica y degradación del colágeno.

No podemos borrar completamente el pasado, pero podemos evitar que el daño siga acumulándose y permitir que la piel utilice toda su extraordinaria capacidad de autorreparación.

La protección solar es probablemente el tratamiento antiedad más eficaz, más estudiado y con la mejor relación entre coste y beneficio disponible hoy en día.

Usarla cada mañana significa hacer mucho más que prevenir una futura arruga: significa interrumpir el principal factor responsable del envejecimiento cutáneo, reducir el estrés oxidativo, limitar la inflamación crónica y crear las condiciones biológicas para que la piel pueda recuperar parte de los daños visibles acumulados a lo largo de los años.

La piel posee una extraordinaria capacidad de adaptación y reparación. Nuestra tarea es darle la posibilidad de expresarla.

Por este motivo, nunca es demasiado tarde para empezar a usar un protector solar. El mejor momento era hace años. El segundo mejor momento es hoy.

 


Fuentes:

  • Randhawa, M., Wang, S., Leyden, J. J., Cula, G. O., Pagnoni, A., & Southall, M. D. (2016). Daily Use of a Facial Broad Spectrum Sunscreen Over One-Year Significantly Improves Clinical Evaluation of Photoaging. Dermatologic Surgery, 42(12), 1354-1361

 

  • Bikle D. D. (2019). Do sunscreens block vitamin D production? A critical review by an international panel of experts. The British journal of dermatology, 181(5), 884. https://doi.org/10.1111/bjd.18126

 

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